Si señores, es verdad que nos quejamos y yo la primera, de nuestro sistema sanitario y por eso contratamos de forma “complementaria” en la mayoría de los casos una cobertura privada, pero miren ustedes a su alrededor, y sobre todo a EEUU, nada comparado con nuestro sistema sanitario y si no lean a continuación la reflexión de una periodista que vive en EEUU. Con toda la razón echa de menos el sistema sanitario español (con sus ventajas e inconvenientes).

“En estos días estivales y brillantes de sol donde se revelan formas corporales que el invierno camufla, no puedo evitar pensar en los distintos estados de salud que se exhiben alegremente ante tanta luz. Vivo en un país con altos índices de obesidad, diabetes, colesterol alto y, por esa vía, un montón de cosas más que no quiero ni pensar al verlas relucir junto al mar.

Entre tanta amalgama, recuerdo con cierta nostalgia el sistema de salud del que provengo porque, en cierto momento, alguien me dijo que era el octavo mejor del mundo. Y, de pronto, especular con el particular seguimiento médico que cada una de las personas que observo pueda tener, resulta hasta solidario.

Pero tengo que situarme en el contexto en el que estoy. De los que miro, aquéllos que tengan un trabajo a jornada completa, dispondrán del seguro médico que su empresa haya negociado con alguna de las grandes aseguradoras sanitarias del país. Probablemente haya varias opciones sobre las que el trabajador decide, dependiendo de la cantidad de dinero que cada cual quiera que le retiren de la nómina.

Hay un mínimo que prácticamente cubre las consultas generales en un médico de cabecera y algunas pruebas anuales como análisis de sangre u orina, o, en el caso de las mujeres, un reconocimiento ginecológico de rutina. Por supuesto, además, hay un copago que realizar en el instante de estos servicios, y que es mayor o menor en función del seguro de responsabilidad civil pecuniaria que acarrea la opción médica que elegiste.

Ojos y dientes -con sus respectivos especialistas– se suelen negociar aparte con lo que el seguro de la empresa ofrece. Y si trabajas a media jornada, lo normal es que no haya seguro de por medio y entonces tus necesidades sanitarias las resuelves en la caridad, que tampoco es pública ni gratuita.

Navegar en el maremágnum de los seguros médicos en EEUU es complicado, pero basta ver los rascacielos de las aseguradoras sanitarias, para saber quién tiene las de ganar.

La iniciativa privada ha llevado a este país a liderar la investigación médica y sus resultados a nivel mundial, pero también conocemos muchos casos en los que, sin apenas dinero, se han logrado resultados trascendentales para la humanidad. Sin embargo, la cara no tan oculta de la situación son 22 millones de seres humanos sin cobertura médica ni derecho a la salud, que quedarían bien expuestos si entran en vigor las nuevas leyes al respecto. Eso sin contar el hecho de que, si estás desempleado, tu obligación hoy en día es costearte por ti mismo lo que necesites.

El mínimo a pagar son 267 dólares al mes, como tuve la desgracia de comprobar. Y eso sólo me “regalaba” un veinte por ciento de descuento en cualquier factura médica. Me quedé aterrada porque también conozco exactamente el precio de unos cuantos servicios sanitarios y son prohibitivos para el común de los mortales. De hecho, el departamento de financiación está presente en cuanto hospital, clínica o consulta privada pueda imaginarse. Y no tiene que ver nada con los profesionales allí presentes, sino con quien viene a solicitar atención médica.

También sé que nadie escarmienta en espalda ajena, pero, por una vez ¿no podríamos aprender de los graves defectos de los demás? ¿nos gustaría ver a nuestros mayores y sus escasos recursos deglutidos por un sistema así o asistiendo para poder curarse, a una caridad que también tendrían que pagar? Porque hay un par de verdades inamovibles para reflexionar: todos vamos para viejos, y lo que no te guste para ti, no lo quieras para otros.”

Fuente:www.periodistadigital.com

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