En un hemograma suelen pasar desapercibidos: los basófilos representan menos del 1% de los glóbulos blancos. Aun así, son una pieza relevante del sistema inmunitario porque participan en reacciones alérgicas, procesos de inflamación y respuesta frente a determinados invasores. Cuando aparecen altos o bajos en una analítica, no suelen dar un diagnóstico por sí solos, pero sí pueden ser una pista que el médico interpreta junto al resto de datos.
Qué son los basófilos
Los basófilos son un tipo de leucocito (glóbulo blanco). Forman parte del grupo de los granulocitos, junto con los neutrófilos y los eosinófilos. Son los menos numerosos, pero no por ello irrelevantes.
Para qué sirven
Sus funciones principales se entienden mejor pensando en “alarma y mediadores”:
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Participan en alergias: liberan sustancias como la histamina, relacionada con síntomas típicos de alergia (picor, estornudos, moqueo, ojos llorosos).
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Intervienen en inflamación: ayudan a coordinar la respuesta inmune cuando el cuerpo detecta algo “extraño”.
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Influyen en la coagulación: liberan heparina, que puede modular la coagulación en determinados contextos.
Importante: los basófilos no se interpretan solos; se valoran junto al recuento total de leucocitos y el resto de la fórmula (neutrófilos, linfocitos, etc.).
Valores normales en un análisis de sangre
En la mayoría de laboratorios, los basófilos se expresan de dos formas:
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Porcentaje sobre el total de leucocitos: suele estar alrededor de 0–1% (a veces hasta 2% según laboratorio).
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Recuento absoluto: con frecuencia se considera normal aproximadamente 0–300/µL (también puede variar por rangos de cada centro).
Lo más importante es mirar siempre el rango de referencia del laboratorio que te ha hecho la analítica.
Basófilos altos: qué puede significar (basofilia)
Tener basófilos altos puede aparecer en situaciones relativamente comunes y también en otras menos frecuentes. Entre las causas más habituales que se valoran están:
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Alergias (rinitis alérgica, urticaria, asma alérgica, etc.)
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Inflamación crónica o procesos infecciosos concretos
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Alteraciones tiroideas como el hipotiroidismo
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Algunas enfermedades autoinmunes
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Con menor frecuencia, trastornos de la médula ósea (esto se sospecha sobre todo si hay otras alteraciones en el hemograma)
Un dato clave: si los basófilos suben “un poco” y el resto está bien, muchas veces se vigila y se relaciona con un contexto (alergia estacional, por ejemplo).
Basófilos bajos: qué puede significar (basopenia)
Los basófilos bajos suelen preocupar menos porque su número normal ya es pequeño y puede fluctuar. Aun así, se puede ver en:
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Estrés fisiológico (infecciones agudas, situaciones de estrés importante)
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Tratamientos con corticoides u otros fármacos
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Hipertiroidismo en algunos casos
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Reacciones alérgicas agudas (a veces bajan durante ciertos picos)
De nuevo, lo relevante es el conjunto del hemograma y los síntomas.
Cuándo preocuparse y consultar
Conviene comentar el resultado con un profesional si ocurre alguno de estos escenarios:
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Basófilos alterados de forma persistente en analíticas repetidas
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Cambios llamativos junto con otras alteraciones (anemia, plaquetas altas/bajas, leucocitos muy altos/bajos)
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Síntomas que no cuadran: fiebre prolongada, pérdida de peso sin explicación, cansancio extremo, moratones, ganglios, etc.
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Sospecha de alergia significativa o mal controlada (asma, urticaria recurrente)
Cómo se interpreta de verdad un valor “raro”
Un basófilo fuera de rango rara vez “sentencia” nada por sí mismo. Lo que suele hacer el médico es:
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Confirmar si es un cambio puntual o se repite
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Revisar el recuento absoluto, no solo el porcentaje
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Mirar el resto de la fórmula leucocitaria y el contexto clínico
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Decidir si basta con observación o si hacen falta pruebas adicionales