Un nuevo análisis global de la OMS y su agencia de investigación (IARC) vuelve a colocar la prevención en el centro del debate sanitario. El estudio, publicado en Nature Medicine, estima que en 2022 hubo 7,1 millones de nuevos casos de cáncer atribuibles a factores de riesgo modificables, lo que equivale a casi el 38% de todos los diagnósticos en adultos.
La conclusión es tan simple como incómoda: una parte enorme del cáncer no empieza en el hospital, sino mucho antes, en la exposición diaria a riesgos que, con políticas públicas y hábitos sostenidos, pueden reducirse.
Qué mide el estudio y por qué es relevante
El trabajo reúne una fotografía mundial sin precedentes: 30 factores de riesgo, 36 tipos de cáncer y datos de 185 países. La principal novedad no es solo el volumen, sino el enfoque: combina conductas, factores ambientales y, de forma destacada, agentes infecciosos.
Esto permite comparar países y detectar un patrón clave: la prevención no funciona igual en todas partes. Las prioridades cambian según el contexto, el sexo y el tipo de tumor.
Los tres grandes responsables: tabaco, infecciones y alcohol
El análisis señala tres motores principales del cáncer prevenible:
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Tabaco, el factor que más pesa en el total de casos evitables.
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Infecciones (especialmente VPH y Helicobacter pylori), con un impacto enorme en determinados tumores y regiones.
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Alcohol, que vuelve a aparecer como una causa relevante y persistente.
A estos se suman otros factores conocidos, como obesidad y sedentarismo, que ganan protagonismo en muchos países por el cambio de estilo de vida y alimentación.
La brecha por sexo: por qué el patrón no es el mismo en hombres y mujeres
El estudio describe una diferencia clara: en hombres, el porcentaje de cáncer prevenible es mayor y el tabaco domina como riesgo principal en gran parte del mundo.
En mujeres, en cambio, sobresale el papel de las infecciones evitables (sobre todo el VPH), lo que refuerza la importancia de estrategias concretas: vacunación, cribado y acceso real al tratamiento.
Un mapa desigual: la prevención depende del país
Las cifras globales esconden realidades muy distintas.
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En regiones donde el tabaco es el gran motor, las medidas más eficaces suelen ser impuestos, restricciones de consumo y control de la industria.
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En zonas donde pesan las infecciones, el impacto pasa por vacunas, programas de detección y mejoras sanitarias.
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Donde aumenta la carga por obesidad y sedentarismo, el reto es estructural: entornos que faciliten comer mejor, moverse más y vivir con menos ultraprocesados.
El mensaje del estudio es directo: no existe una única receta. La prevención se adapta o fracasa.
España en el contexto europeo
En Europa, el peso de los factores prevenibles suele concentrarse en tabaco, alcohol y exceso de peso. España se mueve en esa misma línea: una parte relevante de los diagnósticos se asocia a riesgos modificables, con el tabaquismo como uno de los protagonistas.
Más que “culpa individual”: el papel de las políticas públicas
El informe insiste en una idea que marca la diferencia: los números pueden cambiar, pero cambian de verdad cuando se actúa en varios frentes a la vez.
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Fiscalidad y regulación (tabaco, alcohol, publicidad, etiquetado)
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Vacunación y cribados (especialmente VPH)
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Acceso equitativo a prevención y tratamiento, sin depender de la renta
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Educación sanitaria sostenida y basada en evidencia
Prevenir no es un eslogan: es una decisión colectiva y, sobre todo, una inversión.
Un apunte práctico: salud y previsión también van de la mano
Cuando aparece un diagnóstico serio, el impacto no es solo médico. En muchos hogares, la enfermedad abre la puerta a bajas laborales, gastos extra y periodos de incertidumbre económica.