Despertarse entre 6:45 y 7:00: la hora “ideal” según Sebastián La Rosa, médico especialista en longevidad

Despertarse entre 6:45 y 7:00: la hora “ideal” según un médico

No todo lo que suena a disciplina extrema es salud. Ni levantarse a las cinco de la mañana para salir a correr es obligatorio, ni dormir hasta las diez y media debería convertirse en rutina (salvo casos muy concretos como el jet lag o situaciones excepcionales). Ese es el mensaje que está repitiendo el médico argentino Sebastián La Rosa, divulgador especializado en longevidad y salud preventiva, en una de sus últimas intervenciones en redes.

Su idea central es clara: más importante que dormir “perfecto” es dormir “regular”. De hecho, La Rosa lo resume con una frase que está circulando mucho: “En general, es peor la irregularidad en el sueño que dormir poco”.

El problema no es solo dormir poco: es dormir “a trompicones”

El cuerpo, recuerda, funciona con un reloj biológico diseñado para estar activo de día y descansar de noche. Por eso, dormir a horas cambiantes —un día temprano, otro tarde, otro a medias— suele traducirse en peor descanso, más dificultad para conciliar el sueño y una sensación de cansancio que se alarga durante la jornada.

El reto se multiplica en quienes trabajan en turnos nocturnos: dormir de día obliga al organismo a ir “a contracorriente”, y eso suele afectar a la calidad del sueño y al bienestar general.

La hora que “mejor funciona” para despertarse

Dentro de esa búsqueda de estabilidad, La Rosa propone un punto de referencia concreto: para la mayoría de personas, el horario que mejor funciona para despertarse está entre las 6:45 y las 7:00.

No lo plantea como una regla rígida ni como una moda de productividad. Lo presenta como un ancla, un horario que ayuda a ordenar el ciclo circadiano. Según explica, no hace falta que sea perfecto, pero sí lo bastante constante como para que el cuerpo lo reconozca y se adapte.

La clave: constancia, no heroicidades

El enfoque del médico va en dirección contraria al “sacrificio” como receta universal. Ni madrugar al límite ni alargar el sueño hasta tarde garantizan estar mejor. Lo que, según su planteamiento, suele marcar la diferencia es algo mucho menos espectacular: mantener un horario estable la mayoría de días.

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