Las redes sociales vuelven a colocar en primer plano una práctica peligrosa relacionada con la comida y la delgadez. Esta vez, el problema gira en torno a vídeos que presentan como si fuera un “truco” una conducta claramente desordenada: masticar comida con un plástico en la boca y escupirla después para evitar ingerir calorías.
Aunque pueda parecer una rareza más de internet, el fondo del asunto es mucho más serio. No se trata de una ocurrencia inocente, sino de una práctica que puede reforzar conductas propias de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y que, además, se difunde en un entorno donde los algoritmos tienden a mostrar cada vez más contenido similar. La OMS recuerda que los trastornos alimentarios son trastornos mentales graves, afectan a la salud física y se asocian a una elevada mortalidad.
Cuando una conducta peligrosa se vende como si fuera un consejo útil
Uno de los grandes problemas de este tipo de contenidos es que se presentan con apariencia de solución rápida. En lugar de mostrarse como una señal de alarma, se envuelven en mensajes sobre autocontrol, ansiedad por la comida, pérdida de peso o supuesta “seguridad”.
Ahí está el verdadero riesgo. Conductas restrictivas, compensatorias o centradas de forma obsesiva en evitar calorías pueden parecer pequeñas al principio, pero encajan con patrones que los organismos sanitarios identifican como propios de los TCA. El NIMH, uno de los principales institutos públicos de salud mental de Estados Unidos, explica que estos trastornos implican alteraciones graves de la conducta alimentaria y una preocupación intensa por el peso, la forma corporal o el control de la comida.
Las redes sociales pueden amplificar el problema
El problema no es solo el vídeo en sí. El entorno digital hace que este tipo de mensajes no se queden en una publicación aislada. Diversas revisiones y estudios recientes han encontrado una asociación entre el uso de redes sociales, la presión por la apariencia física y un mayor riesgo de síntomas o conductas relacionadas con los trastornos alimentarios, especialmente en adolescentes y personas jóvenes.
Además, la propia lógica de recomendación de las plataformas puede empeorar la exposición. Un informe científico reciente de la agencia francesa ANSES advirtió de un “efecto espiral” en adolescentes, en el que los algoritmos pueden encerrar a los menores en ciclos de contenido dañino relacionado con imagen corporal, autolesiones o ideales físicos poco realistas.
No es solo delgadez: también hay riesgo físico
Más allá del daño psicológico, prácticas como masticar comida con un plástico o escupirla después pueden implicar riesgos físicos evidentes. Aunque no todos los peligros estén igual estudiados en esta modalidad concreta, sí existe una preocupación razonable por la posible ingestión accidental de fragmentos, por el riesgo de atragantamiento y por la consolidación de una relación cada vez más patológica con la comida.
Lo importante aquí es no perder de vista el fondo: cuando una persona empieza a buscar métodos para saborear sin comer, compensar o eliminar la ingesta, ya no se está hablando de nutrición saludable, sino de una conducta de riesgo. Los TCA no son hábitos raros ni caprichos; son enfermedades mentales graves con consecuencias físicas y emocionales reales.
Por qué estos contenidos calan tanto
Este tipo de publicaciones no se hacen virales por casualidad. Funcionan porque conectan con varios mensajes muy instalados socialmente: que adelgazar siempre es positivo, que renunciar a la comida demuestra fuerza de voluntad y que controlar el hambre es una virtud.
Ese marco cultural hace que muchas conductas peligrosas pasen por disciplina o por autocuidado, cuando en realidad pueden estar reflejando sufrimiento psicológico. La investigación también ha señalado que la exposición constante a ideales estéticos poco realistas, comparaciones físicas y contenidos obsesionados con la comida o el cuerpo puede actuar como factor de riesgo o de mantenimiento en personas vulnerables.
El impacto preocupa especialmente en adolescentes y jóvenes
La preocupación es mayor en población joven porque es el grupo que más tiempo pasa en plataformas sociales y uno de los más vulnerables a la comparación física y a la validación externa. La OMS señala que los trastornos alimentarios afectan a adolescentes y pueden coexistir con depresión, ansiedad y consumo de sustancias; además, la anorexia nerviosa presenta una mortalidad superior a la de otros trastornos mentales.
Por eso, trivializar este tipo de vídeos o compartirlos como si fueran simples rarezas puede tener consecuencias. No todos los contenidos generan un trastorno por sí solos, pero sí pueden alimentar un contexto emocional y mental donde estos problemas se activan o se refuerzan. Esa idea aparece de forma consistente en revisiones académicas sobre redes sociales e imagen corporal.
Señales para tomarse en serio
Hay varios indicios que no conviene normalizar, sobre todo si aparecen de forma repetida:
Miedo intenso a engordar
Cuando el temor al peso condiciona la forma de comer, pensar o relacionarse con los alimentos.
Conductas compensatorias
Escupir comida, restringir de forma extrema, hacer ayunos competitivos o usar “trucos” para no ingerir.
Obsesión con calorías y cuerpo
Revisión constante del aspecto físico, comparaciones continuas y malestar persistente con la imagen corporal.
Contenido digital cada vez más extremo
Cuando el algoritmo empieza a mostrar solo vídeos de delgadez, restricción, cuerpos irreales o consejos dañinos.
Hablar antes y buscar ayuda importa
Ante este tipo de señales, lo más importante es no quitarles importancia. Los trastornos de la conducta alimentaria tienen tratamiento, pero cuanto antes se detectan, mejor. Organismos como el NIMH recomiendan buscar evaluación profesional cuando hay señales persistentes de relación poco saludable con la comida, el peso o la imagen corporal.
También puede ayudar revisar el uso de redes sociales, limitar la exposición a contenidos dañinos y romper la dinámica de comparación constante. De hecho, algunos estudios experimentales han observado que reducir el uso de redes puede aliviar síntomas relacionados con la imagen corporal y la alimentación en determinados grupos.
No es un truco: es una señal de alarma
Presentar estas prácticas como si fueran consejos para controlar el apetito o “comer sin calorías” solo contribuye a normalizar conductas propias de un trastorno. Y cuando eso sucede en redes, el daño puede multiplicarse porque el mensaje no se queda en una persona: se replica, se recomienda y se viste de algo aspiracional.
Por eso conviene decirlo claro: no es autocontrol, no es bienestar y no es salud. Es una señal de alarma que merece tomarse en serio.