La ansiedad es una respuesta normal del organismo ante la posibilidad de una amenaza o un peligro. El problema aparece cuando esa respuesta se activa con demasiada intensidad, con demasiada frecuencia o en situaciones que no lo requieren. Entonces puede convertirse en un trastorno de ansiedad y afectar a la vida diaria: relaciones, trabajo, descanso y salud física.
En los últimos años se habla más de ansiedad social, ansiedad en el trabajo y ataques de ansiedad, en parte por el ritmo de vida acelerado, la hiperconexión digital y la sobrecarga de responsabilidades.
Qué es la ansiedad y en qué se diferencia del estrés
Aunque estrés y ansiedad se parecen, no son lo mismo.
El estrés suele estar ligado a un problema concreto del presente (una entrega, un conflicto, un examen). Cuando la situación pasa, el cuerpo se va calmando.
La ansiedad, en cambio, se relaciona con la anticipación: la mente se adelanta a lo que podría ocurrir en el futuro. Puede ser útil a pequeñas dosis (motiva, activa, prepara), pero cuando se desborda se vuelve desgastante y puede bloquear.
Dicho de forma sencilla: el estrés responde a lo que está pasando; la ansiedad a lo que temes que pase.
Señales y síntomas: cómo se nota la ansiedad en el cuerpo
La ansiedad no solo es “darle vueltas a la cabeza”. Se nota mucho en el cuerpo. Entre los síntomas más habituales están:
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Nerviosismo, agitación o sensación de tensión constante
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Falta de energía y cansancio que no mejora con descanso
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Tensión muscular (mandíbula, cuello, espalda)
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Palpitaciones o aumento del ritmo cardiaco
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Respiración rápida o sensación de falta de aire
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Sudoración, temblores o manos frías
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Mareos, náuseas o molestias digestivas
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Problemas para dormir o despertares frecuentes
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Dificultad para concentrarse y tomar decisiones
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Pensamientos repetitivos, preocupación constante o “catastrofismo”
Si estos síntomas se mantienen en el tiempo o van a más, conviene pedir ayuda profesional.
Tipos de ansiedad más comunes
Dentro de los trastornos de ansiedad, hay formas distintas de presentación. Algunas de las más conocidas son:
Trastorno de ansiedad generalizada
Preocupación excesiva y persistente por temas cotidianos, con sensación de estar “en alerta” casi siempre.
Trastorno de pánico
Crisis intensas de miedo (ataques de ansiedad) y preocupación por que vuelvan a ocurrir.
Ansiedad social
Miedo marcado a situaciones sociales por temor a quedar en ridículo, ser juzgado o rechazado.
Agorafobia
Miedo a lugares o situaciones donde la persona siente que sería difícil escapar o recibir ayuda.
Ansiedad por separación y mutismo selectivo
Más frecuentes en infancia, aunque pueden aparecer en otras etapas.
Ansiedad en el trabajo: por qué ocurre y cómo manejarla
La ansiedad laboral suele aparecer cuando la exigencia es alta y sostenida: presión por resultados, falta de control, exceso de tareas, conflictos, miedo a equivocarse o un entorno hostil. Puede manifestarse como:
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irritabilidad
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insomnio
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taquicardias
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sensación de bloqueo
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cansancio mental continuo
Qué ayuda en la práctica:
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Identificar qué la dispara (tareas, reuniones, personas, horarios)
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Ajustar hábitos básicos (sueño, comidas, pausas, movimiento)
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Marcar límites realistas (agenda, prioridades, desconexión)
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Pedir apoyo si el entorno es el problema (RR. HH., responsable, prevención)
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Consultar con un profesional si está afectando al rendimiento o a la salud
Técnicas sencillas para calmar la ansiedad en el momento
Estas herramientas no sustituyen un tratamiento si lo necesitas, pero pueden ayudar a bajar el pico de ansiedad:
Respiración lenta
Inhala por la nariz 4 segundos, exhala 6–8 segundos. Repite 2–3 minutos. La exhalación larga ayuda a bajar activación.
Técnica 5-4-3-2-1
Nombra 5 cosas que ves, 4 que sientes con el tacto, 3 que oyes, 2 que hueles y 1 que saboreas. Te devuelve al presente.
Relajación muscular breve
Aprieta hombros 5 segundos y suelta. Repite con mandíbula y manos. Reduce tensión física, que alimenta la ansiedad.
Journaling
Escribir durante 10 minutos lo que te preocupa ayuda a ordenar ideas y bajar rumiación. Mejor si acabas con un “plan mínimo” de 1–2 pasos.
Cuándo acudir a un profesional
Conviene pedir ayuda si:
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la ansiedad dura semanas y no mejora
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interfiere en trabajo, relaciones o sueño
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aparecen ataques intensos con frecuencia
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hay consumo de alcohol o fármacos para “aguantar”
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notas tristeza profunda o desesperanza
Los tratamientos más habituales incluyen psicoterapia (especialmente la terapia cognitivo-conductual) y, en algunos casos, medicación pautada por un médico. Muchas personas mejoran combinando un enfoque psicológico con cambios de hábitos y, si procede, tratamiento farmacológico.
Si estás en un momento de crisis
Si sientes que puedes hacerte daño, o estás desbordado y sin control, busca ayuda inmediata: llama al 112 o a tu número local de emergencias. Si estás en España, también existe la línea 024 de atención a la conducta suicida.