La incidencia de autismo podría ser similar en chicos y chicas, pero el diagnóstico llega antes a ellos

autismo

Durante años, la idea más extendida fue que el autismo era mucho más frecuente en varones. Sin embargo, un estudio publicado en The BMJ con una base de datos de 2,7 millones de personas apunta a un matiz clave: las tasas podrían ser más parecidas entre hombres y mujeres de lo que se creía, pero los diagnósticos llegan antes en ellos.

En la infancia temprana, antes de los 10 años, la proporción de diagnósticos sigue estando claramente inclinada hacia los chicos. Aun así, con el paso del tiempo esa brecha se reduce. Según el análisis, la diferencia se va estrechando en la adolescencia y prácticamente se iguala alrededor de los 20 años.

Qué analizó el estudio

El trabajo siguió a personas nacidas en Suecia entre 1985 y 2020, desde el nacimiento hasta una edad máxima de 37 años. En total, más de 78.000 recibieron un diagnóstico de trastornos del espectro autista (TEA).

La detección fue aumentando con la edad durante la infancia, con picos distintos por sexo:

  • En varones, el máximo de diagnósticos se situó entre 10 y 14 años.

  • En mujeres, el tramo de mayor detección fue entre 15 y 19 años.

Ese desfase es, precisamente, el gran punto de debate: por qué a ellas se las diagnostica más tarde.

Lo que cambia con la edad

El mensaje central del estudio no es que en niños “desaparezca” la diferencia, sino que la foto cambia cuando se mira el diagnóstico a lo largo de toda la vida. En otras palabras: puede que parte de la brecha histórica tenga más que ver con cómo y cuándo se detecta que con una diferencia real de prevalencia.

Esto encaja con una tendencia observada en otros registros internacionales: la ratio que antes se citaba como 4:1 ha ido bajando a cifras más cercanas a 3:1 en infancia, mientras que en la edad adulta los diagnósticos se aproximan.

Hipótesis que explican el infradiagnóstico femenino

Aunque este estudio no resuelve por completo el “por qué”, sí refuerza explicaciones que se repiten en la literatura científica y en la práctica clínica:

Sesgo en criterios y herramientas
Durante décadas, buena parte de los criterios clínicos y descripciones típicas se construyeron con muestras donde predominaban varones, lo que puede haber dejado fuera presentaciones más frecuentes en mujeres.

Camuflaje o enmascaramiento
En casos leves, algunas niñas aprenden estrategias para “encajar” socialmente: imitan gestos, sostienen la conversación, controlan conductas repetitivas o disimulan dificultades. Eso puede retrasar la sospecha y, por tanto, el diagnóstico.

Expectativas sociales y roles de género
En muchas culturas se espera que las niñas sean más sociables, empáticas o “tranquilas”. Ese marco puede hacer que ciertas señales se interpreten de otra manera o pasen más desapercibidas.

Por qué importa detectar el TEA, incluso en adultos

Que el autismo sea un espectro implica realidades muy distintas: desde personas con grandes necesidades de apoyo hasta otras que pueden llevar una vida autónoma. Pero incluso en perfiles más “funcionales”, no tener diagnóstico puede traducirse en años de incomprensión: social y también personal.

Por eso, el diagnóstico no es solo una etiqueta. Para muchas personas significa dar nombre a lo que les ocurre, acceder a apoyos, adaptar entornos y entender mejor su trayectoria vital. Y en quienes reciben diagnóstico tardío, no es raro que haya coexistido antes malestar emocional, ansiedad o depresión derivados de sostener durante años una experiencia sin explicación clara.

El estudio sugiere que lo que está cambiando no es únicamente el autismo, sino la forma en que se identifica. Y si la incidencia real entre sexos es más parecida de lo que se asumía, el reto pasa a ser evidente: mejorar la detección en niñas y mujeres, para que el acceso a apoyo y comprensión no dependa del azar, la edad o el “camuflaje”.

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