Las 24 horas cruciales: cómo actúan los psicólogos tras una tragedia como Adamuz

Las 24 horas clave tras Adamuz: la ayuda psicológica

En una catástrofe repentina, el recuento de víctimas ayuda a dimensionar el impacto, pero no explica lo esencial: el golpe emocional que reciben supervivientes, familiares y equipos de rescate. Tras el siniestro ferroviario de Adamuz (Córdoba), la atención psicológica se movilizó en cuestión de horas para acompañar a las personas afectadas desde el primer momento, una ventana que los especialistas consideran decisiva.

Por qué las primeras 24 horas importan tanto

Los dispositivos de intervención psicológica en emergencias se activan cuanto antes para estabilizar, contener y orientar. El objetivo inmediato no es “hacer terapia”, sino ayudar a que la reacción emocional intensa —normal en un suceso extremo— no se convierta en un problema persistente.

En Andalucía, el Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) está diseñado precisamente para dar una respuesta temprana y especializada a víctimas y afectados en situaciones de emergencia.

Reacciones normales ante un trauma: shock, negación y enfado

Los psicólogos describen una primera fase en la que muchas personas quedan en shock. Es frecuente sentir irrealidad, confusión o una especie de “burbuja” emocional. También aparecen respuestas como:

  • Huida/negación: intentar actuar como si nada hubiera pasado.

  • Ataque/enfado: rabia, protestas o culpa (“podría haber hecho algo más”).

Con el paso de las horas, cuando se asienta la conciencia de lo ocurrido, pueden aparecer síntomas intensos y desconcertantes: intrusiones, ansiedad, hiperalerta, insomnio o llanto difícil de controlar. El acompañamiento profesional ayuda a normalizar estas reacciones y a ofrecer pautas prácticas para atravesarlas.

De Biescas a hoy: cómo se consolidó la psicología de emergencias en España

La disciplina fue ganando presencia con el tiempo, pero en España se considera que el impulso definitivo llegó tras la tragedia del camping de Biescas (1996), que marcó un antes y un después en la incorporación de psicólogos a planes de Protección Civil y a grupos colegiales de intervención.

Resiliencia: lo habitual no es “romperse”, pero el riesgo existe

La mayoría de personas expuestas a un evento potencialmente traumático no desarrollan un trastorno crónico. Una revisión amplia de trayectorias tras eventos traumáticos sitúa la resiliencia como la respuesta más frecuente, con un promedio en torno al 65%.

Eso no significa que el impacto sea menor, sino que, con apoyo y condiciones adecuadas, muchas personas logran reequilibrarse. Aun así, el riesgo de secuelas psicológicas existe y depende de múltiples factores (exposición, pérdidas, historia personal, apoyo social, etc.).

Estrés postraumático: quiénes son las “víctimas” de una catástrofe

En emergencias se habla de diferentes niveles de afectados:

  • Víctimas primarias: heridos y supervivientes directos.

  • Víctimas secundarias: familiares y allegados de fallecidos.

  • Víctimas terciarias: intervinientes, testigos y profesionales expuestos.

  • Impacto social: una catástrofe de gran magnitud sacude a la comunidad y puede generar miedo anticipatorio (“podría haberme pasado a mí”).

Un ejemplo reciente de la magnitud de estas secuelas aparece tras la DANA en Valencia: un estudio epidemiológico citado en información pública situó la prevalencia de síntomas compatibles con estrés postraumático en 27,6% de adultos, con diferencias por sexo (más alta en mujeres).

La idea central: acompañar para evitar que el trauma se cronifique

La intervención temprana busca algo muy concreto: contener el desbordamiento emocional, reforzar la seguridad, facilitar información útil, promover apoyo social y detectar a tiempo a quienes van a necesitar un seguimiento más intensivo.

En tragedias como Adamuz, donde la cifra de fallecidos puede variar según avanza la identificación y el rescate, la prioridad psicológica se mantiene: sostener a las personas afectadas en el momento más frágil y reducir el riesgo de que el dolor inmediato se transforme en sufrimiento prolongado.

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